Miedo y fuego en Belfast


Los turistas hacen fotos desde lejos a la gente situada en el lugar del que parece venir la música, pero no osan acercarse. Aunque el ambiente parece festivo y cordial, y un pub irlandés siempre invita a entrar con su decoración floral y sus múltiples reclamos de cervezas y espirituosos, en este caso la fiesta parece privada.

Dejamos atrás a los turistas y llegamos a la altura de los celebrantes. No consigo ver de dónde sale la música, pues  en la esquina del pub se arremolina gente de todas las edades (aunque no parece que de todas las clases). Es la esquina de Sandy Row con Lisburn Road y la animación que se observa contrasta con la desolación de tarde lluviosa de domingo que hemos observado en nuestro paseo hasta aquí desde el otro lado del Lagan. Pero no es domingo ni llueve, y es difícil de comprender (y de explicar) que Belfast tiene este aspecto -hoy lunes 11 de Julio, y todo el pasado fin de semana- porque…se celebra una fiesta.

Observé que la porquería comenzaba a acumularse en ciertos descampados durante mis primeras rutas en bici entre Belfast y Lisburn a principios del mes de Junio, y cuando pregunté qué significaba aquello me hablaron de las hogueras (bonfire) del 12 de Julio. Quedaba más de un mes para la fecha y muchos sofás, palets, colchones por venir; las calles empezaban a saturarse de unionjacks, banderas de Irlanda del Norte y otras muchas referentes a los caídos en el Somme hace 100 años y a la selección nacional de fútbol que disputa la Eurocopa en Francia. Todo mezclado.

06-2016 Bonfire preparation in Lisburn

El 12 de Julio se conmemora la Batalla del Boyne, que es un río en Irlanda junto al cual Guillermo III de Orange derrotó a su tío-suego Jacobo II de Inglaterra, asegurándose así practicamente el trono de Inglaterra, Irlanda y Escocia en 1690. Dudo de que en algún momento esta conmemoración fuera compartida por toda la sociedad irlandesa, ni siquiera por la mayoría, pero hoy en día desde luego la comunidad católica – y gran parte de la protestante, que aboga por la convivencia pacífica- está apartada o se aparta completamente de los festejos.

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Mural conmemorativo de la Batalla del Boyne. Sandy Row.

Pasamos entre el pub y el Centro de Aficionados del Glasgow Rangers (así se llama literalmente) y subimos por Sandy Row hacia el centro de Belfast. No hay mucha gente pero todos, niños, jóvenes y mayores, portan algo que haga referencia a alguna fecha importante dentro de la historia y mitología orangista y loyalista. Unas quinceañeras escuálidas pasan a nuestro lado con la cara pintada, el pelo teñido y una botella en la mano, mientras una señora ha montado en el pequeño patio de  su terrace house un puesto de venta de artículos para la ocasión: sombreros, globos e incluso tangas con el estampado de la Union Jack. No parece tener mucho éxito en la venta, lo que podría explicar su cara de pocos amigos. Tampoco la tienda de instrumentos y efectos musicales para bandas y desfiles (abierta para la ocasión) parece tener muchos clientes. El ambiente general en la calle, a pesar de la música y la bebida, es bastante calmado, diría que hasta triste, y desde luego no invita a unirse a los festejos, ni siquiera a tomarse una cerveza, o a comer algo en el camión de venta de comida ambulante “Marion’s Diner”, más que nada porque está aparcado en la calle con el portón del mostrador cerrado.

Llegamos al cruce con Wellwood Street y ante nosotos  aparece una inmensa torre circular formada por palets apilados y decorada con una enorme bandera de la República de Irlanda  y carteles de candidatos del Sinn Fein a las últimas elecciones municipales. Nos acercamos más para observar el monumento y pasamos entre un rudimentario puesto de venta de bebidas en el que nadie compra, probablemente porque la mayoría de la gente está ocupada golpeando una farola con un hacha. De esto sólo nos percatamos al oír los golpes, puesto que estamos concentrados en acercarnos a la torre de palets con idea de hacer una foto, vigilando las caras de la gente de alrededor, no sea que la idea de que hagamos fotos no les haga mucha gracia, nunca se sabe. A nadie parece importarle cuando saco mi móvil del bolsillo y empiezo a sacar algunas fotos. La ardua tarea de abrir la caja de conexiones de la farola (creo que es lo que están intentando) ocupa a los mayores, ya que los pequeños se afanan por intentar escalar la torre. Algunos lo han conseguido ya. En una discreta esquina de la calle, un grupo de personas con aspecto de la zona de la India observa las escenas y uno de ellos se lleva el dedo índice le la mano derecha hasta la sién y lo mueve varias veces girando la muñeca mientras habla con sus compañeros. Más allá, gente enfocando sus teleobjetivos para tomar fotos sin acercarse demasiado.

Nos alejamos de la mítica Sandy Row para volver a casa y pasamos por Donnegall Pass, que está totalmente cortado al tráfico, aunque la calle está prácticamente desierta y sólo al llegar al final comenzamos a oír la música, proveniente de un trailer semivacío en el que un pinchadiscos y tres luces intentan animar a la concurrencia. Ésta está formada por algunos niños con las caras pintadas, y algunos sin camiseta y descalzos, que gritan y saltan en una cama elástica. Los padres, despreocupados, hablan y beben,de nuevo alrededor de una precaria barra montada frente a lo que parece un local comunitario. En los descampados cercanos se observa una torre de palets, más pequeña, de nuevo decorada con motivos republicanos, será para fomentar el hermanamiento con sus vecinos de otros barrios de Belfast y del país del sur.

Hoy por la mañana en el trabajo el jefe nos ha sugerido que trabajemos desde casa la mañana siguiente, 12 de Julio, para evitar problemas de tráfico al volver, pero viendo el aspecto fantasmagórico de Belfast esta tarde, entiendo que la recomendación tiene otros matices sobrentendidos. Si no eres parte de una comunidad protestante-orangista-loyalista, no pintas nada, y así lo entienden todos los que no comulgan con esta especie de orgía político-religiosa (entre los que hay gente sensata de todas las religiones y tendencias políticas), que dejan las calles a merced de esta minoría ruidosa.

Por la noche, consigo ir la quema de la hoguera que está más cerca de casa junto con un amigo italiano. El espectáculo es aún más extraño que durante el día, pues ahora una especie de banda de musculosos tatuados intenta interpretar, con pífanos, tambores y platillos, una sucesión de marchas militares y canciones patrióticas cuya letra no consigo entender. Los estribillos de las diferentes composiciones son coreados por la multitud embriagada, en sentido estricto y figurado. Los niños más pequeños, entre los que se incluye un pelirrojo pecoso que toca los platillos con un afán admirable, son los únicos que no llevan una botella de cerveza o de sidra en su mano. No hay mucha gente, y nosotros intentamos pasar desapercibidos mientras tomamos fotos y hacemos algún vídeo, aunque cualquiera podría fijarse en que somos probablemente los únicos que no bebemos. Afortunadamente veo que no somos los únicos observadores, y a unos metros de distancia diviso a un chino solitario que hace fotografías y escribe en el móvil, paradójicamente casi sin prestar atención a aquello que está documentando. Mientras la banda sigue tocando y la multitud coreando, dan las doche de la noche y alguien se ha acordado de encender la hoguera, y el fuego de la base comienza a ascender la torre de palets. A pesar del resplandor, cada vez más intenso, conseguimos divisar en el cielo varias columnas más de humo negro, que indican el emplazamiento de otras hogueras por toda la ciudad.

El viento racheado va rolando, cambiando el recorrido de las pavesas y alternando el grupo de personas que grita de emoción cuando se advierten partícipes de esta orgía de fuego y patrioterismo al ser rociados por la ducha anaranjada.

Cuarenta minutos han pasado de la medianoche, la gente sigue hablando y bebiendo y se oyen muchos fuck!,  pero ya no hay música y las llamas han perdido la mitad de su altura, aunque ahora el calor es más intenso, lo cual hasta se agradece pues la noche es fría. No parece que haya mucho más que ver y decidimos retirarnos, al igual que el chino, al que hace ya un rato que no vemos. Pero excepto él y nosotros, nadie más parece tener prisa, o sueño, o ganas de terminar lo que sea que están haciendo.

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2 respuestas a Miedo y fuego en Belfast

  1. Buena entrada y buen reflejo de una costumbre a todas luces decadente. Me ha recordado a esta película: https://www.youtube.com/watch?v=K0LLaybEuzA
    Un saludo!

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