Las casas del dictador


Casa de Hoxha en Tirana

Casa de Hoxha en Tirana

Cuando me lo dijeron me pareció increíble que esa casa no me hubiera llamado la atención antes; un chalet de tres pisos y un gran terreno ajardinado en medio de un ajetreado barrio de hoteles, restaurantes y torres de oficinas. Y embajadas. Creo que en los tres días que llevaba paseando por aquella zona y alojado en un hotel en la manzana adyacente mis ojos no se pararon en la casa de Enver Hoxha porque debí de asumir que se trataba de una embajada, ya que en la misma manzana había varias, y lo cierto es que llamaba más la atención por la noche, cuando se encendían las luces de los lugares de moda del Blloku.

El Blloku (bloque, en albanés) es el nombre por el que se conoce al barrio de Tirana que estaba destinado exclusivamente a las viviendas  de los dirigentes del partido comunista y totalmente prohibido para el resto de los ciudadanos del país hasta 1990. El dictador Hoxha y sus camaradas se apropiaron de una gran parte de lo que hoy es el centro de la capital, y lo convirtieron en su olimpo particular, al que el resto de albaneses, mortales, no tenían acceso, al igual que no tenían acceso, por ejemplo, a un automóvil. Los recuerdos de los albaneses sobre la caída del régimen son muy diferentes al del resto de los países del bloque soviético, para los albaneses el shock significó que, de un día para otro, podían pasear por las calles del centro de su capital, y podrían empezar a hacerlo en coche unos meses más tarde.

La mayoría de las casas de los jerifaltes del partido no existen ya o han sido reutilizadas como embajadas y edificios oficiales, y el Blloku se ha convertido en el lugar de moda al que los habitantes de Tirana van a disfrutar de su ocio, pero la casa del que fuera durante 40 años el líder supremo de los albaneses permanece, como si el tiempo se hubiera detenido en ella, de hecho, parece como si la señora Hoxha acabara de bajar las persianas justo antes de que toda la familia se vaya  a pasar unas vacaciones; el jardín está correctamente cuidado, la pintura de la fachada y de las verjas impecable, cualquiera pensaría que la casa está habitada actualmente, eso sí, por nostálgicos de los años 80.

Unos te dicen que se está pensando convertirla en museo, otros que  se va vender para construir algún hotel o algo más acorde con la zona, pero parece ser que esta incertidumbre, que a las nuevas generaciones parecen no interesarle lo más mínimo, es fruto de la indecisión del gobierno, que no sabe qué uso darle. Mientras tanto, ni los nostálgicos (que los hay) ni los de la memoria histórica (que no sé si los habrá) parecen tomar cartas en el asunto, y de momento el edificio es respetado por todos y conservado como el corpus incorruptus del comunismo albanés y de una de las peores épocas de la Historia del país.

La otra casa de Hoxha que tuve la oportunidad de conocer estaba más escondida aunque parece ser que siempre había habido rumores sobre su existencia, y esta vez nadie me tuvo que hablar de ella pues una semana antes de mi segunda visita a Albania pude leer en la prensa española (una noticia sobre Albania fuera de Albania ya es de por sí noticia) que el gobierno albanés sí había decidido esta vez hacer algo al respecto: descubrir al público el  el gran búnker que Hoxha hizo construir en los alrededores de Tirana. Pero no lo desvelaban todo, al menos para los extranjeros, pues aunque el búnker y la exposición que albergaba se mencionaban incluso en la página oficial de turismo del gobierno albanés, no te decía cómo llegar, simplemente una vaga indicación que sumado a la falta de mapas precisos, quitarían las ganas a más de uno. La recepcionista del hotel no tenía ni idea de qué le hablaba y después de hacer un par de llamadas insistió en que de ninguna manera debería de ir yo sólo, y que lo mejor que podría hacer era ir en taxi. Casualmente ella me ofreció los servicios de uno que me haría un buen precio y me esperaría hasta que saliera del búnker.

No tenía pérdida...una vez que ya estabas al lado

No tenía pérdida…una vez que ya estabas al lado

Zamir llegó al rescate en el momento apropiado y ante la cara de sopresa y decepción de la mujer partimos a la búsqueda de secreto lugar, y tras unas vueltas en coche y un par de preguntas con las indicaciones adecuadas como respuesta, al girar una esquina llegamos a una calle recta y en pendiente, toda franqueada por carteles anunciadores del búnker situados a apenas tres metros el uno del otro, que moría a las puertas de un recinto militar, donde los soldados que montaban guardia se mostraron muy amables al ver mi pasaporte extranjero, o tal vez su contento venía solamente por el hecho de ver gente, pues a juzgar por lo poblado del aparcamiento al que llegamos tras franquearnos el paso, el histórico y enigmático lugar no parecía tener mucho poder de convocatoria. En dicho parking estaba, eso sí, el coche de Hoxha, con multa y todo.

Coche de Hoxha con multa de aparcamiento y entrada al bunker

Pensé que probablemente el gobierno albanés había calculado mal el atractivo que podía tener una exposición en un búnker secreto y el búnker en sí -por muy grandioso que sea-…en un país donde se puede ver un búnker asomándose a la carretera practicamente cada kilómetro y cuyos habitantes por fuerza se han acostumbrado a ellos. Así que nos adentramos en el bloque de hormigón en solitario y pronto apreciamos las exageradas dimensiones del complejo: más de 100 habitaciones distribuídas en cinco plantas a una profundidad máxima de 100 metros. El dictador quería tenerlo todo preparado para poder sobrevivir, él, su familia, amigos y los miembros destacados del gobierno y las instituciones, a un posible ataque nuclear que podría venir, según sus analistas y consejeros de la época, de cualquier parte, una vez que el régimen comunista de Albania rompió relaciones con la URSS, luego con China, se salió del Pacto de Varsovia y se encontró completamente aislado en medio de los dos bloques de la Guerra Fría. Pero no sólo se trataba de sobrevivir al más que probable ataque, también había que continuar gobernando, así que el búnker disponía incluso de una sala de considerables dimensiones destinada a reuniones del partido o del gobierno.

Entrada al superbúnker

Entrada al superbúnker

Plano del búnker, se observa la gran sala de reuniones

Plano del búnker, se observa la gran sala de reuniones

Todo estaba previsto, y por supuesto no faltaba la comodidad para enver Hoxha y los suyos. En las habitaciones señaladas como la residencia del dictador y su famillia destacan los revestimientos de fibra de vidrio, muy cara en aquella época, que cubren las paredes de hormigón proporcionando aislamiento y protección. Dichas estancias, están hoy equipadas de muebles y aparatos sin lujos que pretenden ser los auténticos de la época, y aunque cuesta creer que se hayan conservado intactos y en su sitio durante tanto tiempo, visto lo ocurrido con la casa del Blloku y teniendo en cuenta que el búnker no llegó a ser usado nunca y que se encuentra en una restringida zona militar, bien pudiéramos estar contemplando lo mismo que vio Hoxha cuando inauguró el búnker a finales de los 70.

El despacho del jefe estaba equipado con paredes revestidas de fibra de vidrio

El despacho del jefe estaba equipado con paredes revestidas de fibra de vidrio

dictator's retrete

dictator’s retrete

Además del interés histórico del edificio y de las instalaciones, muchas de las estancias del complejo mostraban obras de arte (Bunk’Art) inspiradas en lo que le sugería el búnker y las circunstancias en las que fue construido a artistas locales, y en otras muchas se exponían documentos, fotografías, uniformes, armamento y equipos de comunicaciones de diferentes épocas de la historia de Albania, con especial atención a la época de las dos invasiones de los italianos -la primera, amistosa, durante la cual se diseñó y construyó todo el centro de la actual Tirana, y la segunda, con los masivos desembarcos en la costa albanesa-, al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y la resistencia partisana, y al período comunista.

Ceausescu entre los amigos

Ceausescu entre los amigos

documentos y objetos de la reciente historia de Albania

documentos y objetos de la reciente historia de Albania

documentos y objetos de la reciente historia de Albania

documentos y objetos de la reciente historia de Albania

Búnker con ventanas, malo es de guardar

Búnker con ventanas, malo es de guardar

A todo esto, parecía que los albaneses no es que no estuvieran interesados en el búnker, es sólo que no les gusta madrugar, pues los pasillos y salas de la instalación estaban cada vez más llenas de gente, lo que impedía disfrutar comodamente de las exposiciones. Mucha gente adulta se detenía en una de las salas en la que un televisor de fabricación china (en eso los albaneses fueron pioneros, pues ya en los años 60 casi todos sus televisores, teléfonos, transformadores eléctricos y maquinaria agrícola provenían de China) emitía en bucle imágenes de los funerales de Hoxha mostrando las inmensas colas en la calle para rendir el último homenaje al dictador y muchas personas llorando desgarradas frente al féretro. “Yo estuve ahí.  Mi universidad estaba al lado así que hice cola para entrar a despedirle”, dijo alguien en inglés entre orgulloso y justificándose.

televisión china mostrando al líder

televisión china mostrando al líder

Terminamos el recorrido en la gran Salla e Kuvendit, el salón de actos donde se hubieran tenido que reunir el gobierno y los encargados de gestionar la crisis después del ataque nuclear. Justo antes, me tomé un café y firmé en el libro de visitas bajo fotos de la reciente del Papa Francisco colgadas en las paredes, que si bien no tenían nada que ver con todo aquello, no me resultaron fuera de lugar, después de toda aquella visita. Al volver a la luz del día, todo era diferente: el sol brillaba imperial y todo estaba lleno de gente, familias enteras riendo y charlando, entrando y saliendo del búnker con una alegría propia de los ilusionantes días de 1990. Pero como mi coche y el de Hoxha estaban ahora rodeados de típicos Mercedes albaneses, me di cuenta de que estábamos en 2014 y de que no quedaba otra sino irnos a comer a la playa para aprovechar la tarde y el sol de diciembre.

Assembly room

Assembly room

Un búnker junto al Búnker

Un búnker junto al Búnker

Comida en Durres

Comida en Durres

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2 respuestas a Las casas del dictador

  1. faite49 dijo:

    Muy ilustrativo. No tenia ni la más remota idea de Albania y si te digo la verdad, nunca me interesó demasiado su existencia, hasta que supe que la Madre Teresa era albanesa.

    • odnanrefai dijo:

      Pues eso nos pasaba a todos, yo creo. Siempre me pareció muy extraño que un país que estaba ahí al lado, enfrente de Italia y encima de Grecia, y no teníamos ni idea de lo que allí pasaba, nunca se oían noticias sobre Albania, era como que no existieran, incluso en los inicios de Internet y la globalización, casi nada nos llegaba de allí. Ahora ya sabemos un poquito mas.

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