Obersalzberg y el Hotel “Türken”


Dentro del trayecto hacia Rumanía, más relajado, de este año, yo había planeado, un par de etapas bávaras, aunque no es el camino más evidente, para ir de Dieulefit a Bucarest, y pasar una noche en ese histórico y al mismo tiempo bucólico lugar que es Berthesgaden estaba entre ellas. Sin embargo, yo había planeado algo muy diferente a lo que finalmente ocurrió. Para empezar, no podía imaginar que la lluvia que nos sorprendió tres días antes en Lausana nos iba a acompañar durante 1500km y una semana de camino, y que por lo tanto Berthesgaden nos iba a ofrecer una imagen -y unas sensaciones- más propias de Noviembre que de finales de Julio. Lo único que nos recordaba que estábamos en plena temporada de vacaciones estivales eran los turistas. Será por eso que en España algunos ahora han dado en llamar “turismo bélico” (pero que en realidad siempre ha existido, y que no otra cosa más que visitar y conocer lugares fundamentalmente por su historia y por lo que allí aconteció) pero el caso es que nada más llegar al parking del Dokumentation Obersalzberg, aquello más parecía la Place de la Concorde de Paris, por la cantidad de turistas norteamericanos, que un rincón de los Alpes Bávaros. Por la lluvia y el frío también parecía París. Ese frío, esa lluvia y el grotesco espectáculo de las riadas de turistas buscando los autobuses para subir al Kehlsteinhaus (el Nido del Águila) hizo que finalmente…nosotros no visitáramos uno de los objetivos de nuestro viaje hasta allí. La próxima vez será.

Día de verano en Obersalzberg

Día de verano en Obersalzberg

Aparte de los americanos, alemanes, muchos alemanes. Como si el proceso de desnazificación continuara 70 años después, y ésta fuera una de las localizaciones recomendadas para completar el “tratamiento”, todo está orientado en el Dokumentation a contar y a explicar a los alemanes aquel periodo de su historia, los diferentes paneles expositores con documentos originales y fotografías sólo están escritos en alemán, y los breves panfletos en otros idiomas apenas traducen y explican una mínima parte de todo el material expuesto y la traducción es muchas veces tan pésima que más conduce a la confusión que a entender lo que allí se expone, como si al Gobierno Alemán y demás promotores del lugar les interesara muy poco que los no germanoparlantes comprendiaran lo que allí se muestra. Los documentos audiovisuales, muy ineteresantes por ser grabaciones de la época de discursos de Hitler y de boletines de noticias o comunicados de radio, tampoco se encuentran transcritos a ningún otro idioma; todo para alemanes, aunque esta intención aparentemente educativa lleve a veces a los propios alemanes a conclusiones muy diferentes de las que inicialmente se pretende, como contaré más tarde.

La visita al Centro de Documentación se completa con un paseo por el búnker -una pequeña parte al menos-, que ocupa practicamente todas las entrañas de la montaña y que conectaba los diferentes edificios que, en la superficie, rodeaban al Berghof, edificios que en su mayoría fueron “adquiridos” por Martin Bormann para que él y los demás jerarcas del Berghof estuvieran a tiro de “pasar a tomar un café” del querido líder, tal y como se cuenta en un interesante documental, esta vez sí, traducido también al inglés. Todas esas construcciones fueron objeto de intensos bombardeos al final de la guerra, y lo que quedaba de ellas fue demolido rapidamente en los meses siguientes, quizá para evitar que se convirtieran en lugares de peregrinación de nostálgicos (el Dokumentation, por ejemplo, ocupa el lugar de la casa que ocupaba Borman). ¿Todas?. No, hubo una que fue reconstruida desde sus ruinas gracias a la tenacidad y persistencia de sus antiguos dueños. Es el Hotel “Türken”.

Hotel Türken en Obersalzberg

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Cuando la propietaria, Monika, nos abrió la puerta aquella tarde, ni su cara ni sus palabras eran excesivamente amistosas.

– Buenas tardes señor, esta es su llave, no se la olvide nunca en la habitación, de lo contrario no habrá forma de que vuelva a entrar en el edificio, sobre todo después de las 7. No abran tampoco la puerta de la calle a nadie, y cada huésped tiene su propia llave. ¿Qué huéspedes? Allí no se veía a nadie más y sólo nuestro coche estaba aparcado delante de la entrada.

Yo había reservado una noche en el hotel “Türken”, a pesar de no comprender el por qué del elevado precio; tampoco había demasiada información del mismo en Internet ni la gente de Salzburgo a la que pregunté parecían concer el lugar, pero yo tenía interés en pasar una noche en Berthesgaden y en algún sitio había leído que la historia del Türken era interesante, aunque en ese momento, después de que Frau Monika Scharfenberg nos dejara solos, la palabra que definía aquello era tétrico: los pasillos y las habitaciones del hotel parecían más un antiguo sanatorio que un hotel (también por su extrema limpieza, todo hay que decirlo), no se oía ni un solo ruido, por las ventanas entraban las luces de un atardecer tormentoso y de las paredes del salón de la planta y del resto de estancias colgaban fotos en blanco y negro de personas serias con caras antiguas.

En el salón del Türken

Después de explorar un poco el edificio, buscamos de nuevo a la dueña pra preguntarle ciertas cosas, y ella nos salió al encuentro detrás de una reja que dividía la entrada y los salones, de la cocina y otros salones donde habíamos hecho el registro en el hotel. A pesar de estar hablando con ell durante más de cinco minutos seguidos, ni se le ocurrió abrir la verja, y parecíamos visitantes en un convento de clausura en vez de huéspedes de un hotel. La dejamos ir a sus dependencias detrás de la verja y nos fuimos hacia el salón principal. Allí encontramos un juego de cartas y nos servimos unas cervezas en el bar que había junto al salón – Frau Scharfenberg nos dijo que podíamos coger cualquier cosa siempre que lo anotáramos en la libreta-, en el que sonaba una radio con canciones típicas bávaras sin interrupción, lo que hacía la atmósfera todavía un poco más siniestra.

Al cabo de un rato, vemos a alguien fuera, pasar por delante de la ventana del salón, en direcciónn a la puerta. Entran en la casa (con su propia llave) y nos encuentran en el salón, bebiendo, jugando y con nuestra animada música sonando sin parar. Nos cuentan que ellos están encantados, es su segunda noche, y nos pasan el librillo donde se cuenta muy detalladamente la historia del hotel, el cual nos insisten en leer: el relato cuenta cómo el lugar siempre fue conocido con el nombre que ahora tiene debido a que el propietario del terreno partió (y volvió) a la guerra contra los turcos, y cómo por esta razón el bisabuelo de la actual propietaria llamó así al hotel que montó adquirió el terreno y lo transformó en un exitoso lugar de comidas y pernoctas, que vio pasar a ilustres personajes de la primera mitad del s. XX, entre ellos, Hitler y los jóvenes nazionalsolcialistas, cuyas proclamas se oyeron entre aquellas paredes. Mr. Schuster, que así se llamaba, vió cómo la casa que quedaba justo debajo de sus establecimiento se convirtió en aquel lugar de peregrinación llamado Berghof, y resisitió numantinamente cuando llegaron los malos tiempos, pero finalmente, y tras pasar por muchas penalidades (fue encarcelado en Dachau) a causa de su obstinación, tuvo que deshacerse del Türken por una cantidad muy inferior a su valor real y ver cómo éste pasó, con unas ligeras reformas, a convertirse en el cuartel de la guardia personal de Hitler durante sus temporadas en Berthesgaden.

25/04/1945 Raid aéreosobre Obersalzberg y el Türken tras el bombardeo

25/04/1945 Raid aéreo sobre Obersalzberg y el Türken tras el bombardeo

Murió en 1934, poco después de deshacerse del hotel, por lo que no tuvo que ver cómo, al igual los demás edificios del complejo nazi de Obesalzberg, el ¨Türken” sufrió los intensos bombardeos de 1945 que lo dejaron completamente en ruinas. La fuerte voluntad de Therese, la hija de Karl Schüster fue lo único que hizo que hoy podamos ver el edificio prácticamente como era pues, tras largas luchas judiciales, consiguió que el Gobierno Bávaro se lo vendiera (!) a pesar de los esfuerzos oficiales por tenerlo bajo control y posteriormente derruirlo, como el resto del complejo, dentro del proceso de desnazificación de Berthesgaden y Obersalzberg. Según nos contó Frau Scharfenberg todavía hoy recibe bastantes presiones para que cierre los accesos al búnker desde el hotel, pues a la Administración no le hace demasiada gracia que nostálgicos y curiosos puedan visitar algo más “auténtico” que la parte de búnker oficial que se visita desde el Dokumentation, y le han hecho tapiar las galerías justo donde acaban los límites de su propiedad, puesto que daban acceso a las dependencias personales de Hitler, Eva Braun y Martin Bormann. Es por ello, para evitar problemas, que tampoco se hace demasiada publicidad en la red, ni en las centrales de reservas de hoteles.

Sin embargo, los curiosos llegan. Cuando los otros dos huéspedes del hotel se retiraron a sus aposentos y nos volvieron a dejar solos en el salón era ya de noche, y aunque tras hablar con ellos y saber algo más -y comprender- el lugar y su circunstancia ya nos habíamos familiarizado con esas paredes llenas de historia y de retratos de difuntos (ahora sabíamos que era Therese Schuster la que nos intimidaba con ese serio semblante) nos sorprendió la entrada de otro personaje en el salón. Con un marcado acento alemán y una gran sonrisa, el recién llegado nos invitó a comer pizza con “ellos” en el comedor, después de interesarse por nuestra procedencia y entrar en el bar a llevarse unas cuantas cervezas. Tras unos minutos nos unimos a ellos, puesto que a pesar de todo todavía era pronto y sentíamos la necesidad de tener algo de compañía antes de que llegara una hora decente para irse a dormir.

De los cuatro sentados en el rincón redondeado del comedor (el mismo que se ve en la foto de las ruinas del hotel en 1945), tres alemanes y un francés bretón, nuestro anfitrión llevaba la voz cantante y nos estremecía de vez en cuando con su risa profunda. El que estaba a su derecha parecía ser el responsable del grupo, o al menos era el que conseguía censurar al otro sólo con mirarle cuando consideraba que éste hablaba más de la cuenta. Me recordaba al personale de Rastapopoulos de los tebeos de Tintin pero sin monóculo. A su derecha estaba un tipo con parecido a uno de los hermanos Fratelli de los Goonies. El cuarto, el francés, no tenía cara de francés, y no dijo ni una palabra, por lo que no pudimos comprobar si realmente lo era. Como además parecía entender lo que los otros tres hablaban en alemán, todavía dudamos más. Estaban muy interesados en saber qué hacíamos allí, y por qué nos habíamos alojado en el Türken. Nos hicimos un poco los locos, fingiendo que no sabíamos absolutamente nada del lugar, así que empezó a contarnos cómo ellos habían venido, porque les gustaba la Historia, buscando cosas “reales”, porque el Gobierno nos cuenta sólo lo que quieren que sepamos de Hitler, la guerra y el Berghof, pero hay mucho más detrás. Nos contó que llevaban ya cuatro días en el hotel, durante los cuales y ayudados de un mapa marcado con los lugares de interés recorrían la zona buscando vestigios auténticos de la época. Un poco tarde, pensé yo, con la cantidad de turistas que hay, seguro que no queda nada. No nos contaron si habían encontrado algo realmente interesante, pero nos enseñaron algunas fotos, y volviendo a lo histórico del lugar donde nos encontrábamos, nos llamó la atención sobre, por ejemplo, el hecho de que la mesa donde comían pizza ahora mismo había sido usada por soldados de la Gestapo hacía 70 años…y entonces la conversación giró hacia nuestra opinión, y la opinión en general de los extranjeros, sobre los alemanes (acababa de ganar Alemania la Copa del Mundo y estaba reciente la polémica de los jugadores teutones “burlándose” de los argentinos) puesto que ellos veían como que todo lo que hacían los alemanes era observado y juzgado desde un punto de vista muy severo, de manera que enseguida se les llamaba “nazis”, y de todas las mentiras que se habían vertido sobre Alemania, algunas demasiado evidentes: ¿seis millones? venga ya…¡es casi materialmente imposible! un millón o dos, a lo sumo, pero… ¿seis?…no puede ser. Y yo he estado en Auschwitz, he visitado aquello, ¿has estado?. Sí, sí, la verdad es que no me gustó nada…Bueno, pues allí no se encontró ni rasto del Zyklon-B, ¿sabes que esa sustancia deja muchos restos en la piel e incluso en los huesos, restos que pueden ser encontrados muchos años después? Bueno, pues allí no se encontró ni un cuerpo con restos del gas. Nos cuentan sólo lo que quieren, por eso nosotros intentamos venir a sitios como este a ver qué hay de verdad, pero si decimos esto a mucha gente, y hablamos en alemán, nos llaman automáticamente “nazis”. Y así un rato más.

la parte visitable

la parte visitable “oficial” del búnker

Si Frau Scharfenberg quería evitar esta clase de curiosos y de huéspedes tan interesados por la Historia, me parece que lo tiene difícil, sobre todo hoy en día con la difusión rápida y fácil por las redes sociales.

Al amanecer, después de desayunar, tuvimos unos minutos de agradable conversación con ella, durante los cuales pudimos acabar de entender todavía más su manera de ser y de llevar el negocio. Acabó regaláandonos alguna de las fotos que ilustran este relato, y nosotros le dimos a cambio un billete de 1 Leu, ya que le gustó lo de que fuera de plástico y le encantó la flor que lleva impresa, “la más típica de por aquí, nos dijo”. Nos despedimos muy amistosamente y prometimos volver algún día y recomendárselo a la gente adecuada, pues nuestra experiencia, en sólo un día, había sido muy intensa y satisfactoria.

curioso documento colgado en las paredes del Türken. Del Consulado de Islandia en Fuengirola.

curioso documento colgado en las paredes del Türken. Del Consulado de Islandia en Fuengirola.

Balcón justo sobre el Berghof

Balcón justo sobre el Berghof

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4 respuestas a Obersalzberg y el Hotel “Türken”

  1. Tu Tio dijo:

    Muy interesante todo lo escrito pero no te olvides, querido sobrino, que a pesar del tiempo transcurrido desde 1.945, algunos lugares de Alemania y Austria, incluidas Berlín y Viena, siguen teniendo un componente de “mala sensación”, para quienes las visitan y recorren, que viene avalado por lo que Hanna Arendt llamaba la “geografía de mal” y su banalización. Está claro que, sin generalizar, en Alemania sigue habiendo un germen de ese mal que condiciona todo, incluido lugares aparentemente apacibles como Berthesgaden, en la dulce Baviera, con su historia trágica, a pesar o quizás como consecuencia, de su aparente buen humor, música contundentemente extrovertida y marcial (que produce el engaño de si ponerte a bailar, o a marcar el paso de la Oca) En fín querido sobrino que has conseguido que me interese por acercarme a ese lugar, aunque el primero de la familia que pasó por ahí no nos ha contado nada de su visita, dada su proverbial discreción.

  2. Papá dijo:

    Los alemanes han sido siempre, estoy hablando desde que Arminio destroza a las legiones de Varo en Teoteburgo, muy conscientes de las tragedias que desencadenaban y cuando eran derrotados su sentimiento de culpabilidad les ha llevado siempre a intentar borrar absolutamente toda la memoria de los terribles acontecimientos que ellos mismos habían provocado. Todo ésto viene a cuento por las dos circunstancias que concurren en vuestra visita: 1. El empecinamiento de contar “su” verdad en el Centro de Documentación: Penitencia Oficial. 2. La interesante historia del hotel y la reticencia de la dueña ante lo que, supongo, serán nostálgicos de aquellos terribles tiempos. De todas las manera Fernando, breve pero certera descripción del lugar y algunos de los hechos que allí sucediero. Respecto a tú tío no estoy yo tan seguro de que su mellizo estuviera allí, por mucho que se acercaran.

  3. Tu hermana ;) dijo:

    Coincido contigo en el ambiente que se nota por esa zona, aunque no pudierais subir al Nido, ya habéis conocido más que las hordas de turistas que se arriman por allí. Es muy interesante todo lo que cuentas Fer, pues cuando subimos nosotros al Kehlsteinhaus te quedas con un vacío de información considerable, pues allí sólo ves una casa con un restaurante y las vistas, ahora, el paisaje es espectacular! Y lo del clima… la próxima vez que vayas, aunque sea agosto, lleva rebequita y pantalón largo, que refresca!
    Un besote!

  4. odnanrefai dijo:

    Pues el hecho de que mi otro tio hubiera estado en Berthesgaden explicaría muchas cosas; lo que allí vio y oyó le pudo impresionar de manera tal….que no haya sido capaz de contárnoslo hasta el momento. Desde luego la visita merece le pena, y una conversación con Frau Scharfenberg puede ayudar a comprender un poquitín más a los alemanes y esa idiosaincrasia tan suya. No sé lo que durará el Türken, la dueña no tiene hijos y prácticamente se ocupa ella sola del lugar (y la señora que se encarga de las visitas al búnker tiene ya 90 años), y seguro que no faltan interesados en hacerse con los terrenos. Ella te dice, no con poca melancolía, que a pesar de todo, y de todas las trabas que tiene, el negocio continuará, que alguno de sus sobrinos se ocupará. No sé, me gustaría volver pronto y conocer algo más de esta historia,. que seguro que hay mucho, mucho más.

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