En Navidad, en Palencia


Sólo hay una cosa que no he logrado asimilar y que me ha tenido preocupado y perturbado estas navidades. Lo saben los que han compartido peripecias, viajes, excursiones e incluso vinos y tapas durante estos últimos días porque les he dado bastante la paliza con ello: no logro entender las elevadas temperaturas, los cielos extremadamente azules y el sol espectacularmente brillante que hemos disfrutado en los últimos días de 2011 y primeros de 2012. A pesar de que mi tío, con más experiencia y sabiduría (si es que yo tengo alguna) siempre es optimista al respecto y dice que si no viene ahora, la nieve y el frío vendrán en Enero y Febrero, o incluso Marzo, yo me paro a pensar, me esfuerzo por traer a mi cabeza las imágenes de muchas Navidades pasadas (no creo que haya una sóla en la que no haya hecho al menos una visita fugaz a la Montaña  Palentina) y no recuerdo una cómo ésta. Definitivamente, tomar un café en una terraza de Aguilar de Campóo, pasearse por Renedo de Zalima en mangas de camisa y sudando, ver los árboles brotar, contemplar las cumbres sin apenas nieve…es algo impropio de un veintimuchos de diciembre. Por si esto fuera poco, esa ventana al mundo de tus amigo y conocidos, que es Facebook, me ha permitido observar que el fenómeno es general: desde las cumbres de Sierra Nevada, a los imponentes Cárpatos, todo está gris, verde(!), marrón…en lugar de blanco. En Oslo el 1 de Diciembre los finos hielos que se había formado se derretían y las portadas de los diarios eran grandes letras de estupefaccción.

Pero ya digo que es lo único que me ha inquietado un poco estos días, por suerte. Porque las Navidades fueron un estupendo periplo completamente palentino, o castellano, si se quiere, y eso, después de un 2011 tan movido, es algo que se aprecia de verdad. Como dijo alguien, Palencia es una ciudad muy humana, sólo falta que haya trabajo, pero incluso eso, en los tiempos del teletrabajo, es algo que se puede solucionar, al menos en algunos casos. Lo que no tiene solución ya es lo de vivir en las grandes aglomeraciones urbanas/humanas. Hay que acabar con ese estilo de vida, no es normal tener que estresarte pensando en la manera de evitar un gran atasco cada fin de semana, y no digamos ya el de la Operación Salida de Navidad. Este año, como nuevo residente en una de esas aglomeraciones, Madrid, tuve que hacer como el resto, y planificar mi salida de la capital de manera que ésta no me supusiera pasar horas metido en un atasco y llegar de mala leche para empezar las Navidades. Afortunadamente lo logré, cosa que no podrán decir muchos, obligados por trabajos y otros compromisos a abandonar la capital con el resto de la manada.

He tenido la ocasión de vivir, sufrir y disfrutar en ciudades grandes, en ciudades muy grandes, y ultimamente, en ciudades monstruosamente grandes, y llegar a Palencia, sobre todo en Navidad, es como si estuvieras viendo el lugar en el que se está llevando a cabo un proyecto de ciudad habitable: abarcable a pié, perfectamente comunicada tanto por carretera como por tren, donde 10 € dan para invitar a unos vinos, con tapa incluída, a los amigos (porque recordemos que tapear debe ser cosa de entre tres y seis personas). Amigos con los que, a veces, no hace falta ni quedar, pues te los encontrarás tarde o temprano en alguno de los lugares habituales del tapeo matutino o vespertino. Bares hay para aburrir, por cierto, y para permitirte incluso cambiar de vez en cuando, si te cansas de los originales

En Navidades en Palencia se va de compras, se visitan los Nacimientos y se toman churros (pero los auténticos, los de la churrería de los Jardinillos) los días festivos, por lo menos; Obligado también es recorrer una y mil veces la Calle Mayor, arriba y abajo, donde te encontrarás con amigos y conocidos a los que no ves desde hace tiempo y que, como tú, han vuelto por Navidad.  Si se tienen cosas importantes o citas ineludibles (tanto mi carnet de identidad como mi pasaporte y mi carnet de conducir tienen, como por casualidad, fechas de renovación muy navideñas) es mejor dar un rodeo y sortear estos casi mil metros de soportales, pues las innumerables paradas te harán llegar tarde con toda seguridad allá donde vayas. Si es que acabas llegando, porque, ¿quién en Palencia no se “ha liado” alguna vez y ha dejado de hacer aquello que se había propuesto?

La Nochebuena siempre viene precedida por unas rondas de espumosos con los amigos, cita ineludible para celebrar…todo lo que haya que celebrar, y más. Otros años nos quejábamos, sentados en las poltronas del Tiffanis, de los niños gritones y sus papás con los carritos, que nos quitaban el espacio, y no nos dejaban casi oír nuestros brindis. Sin embargo, el tiempo pasa, inexorable, y ya no podemos quejarnos, pues sería hacerlo contra nosotros mismos, que empezamos a estar ya nosotros del otro ladoLos brindis suelen acabarse entre unos pocos supervivientes, en El Templo, con el discurso del Rey de fondo . Las burbujas hacen más divertida si cabe la cena familiar y el tiempo transcurre rápidamente hasta el final de la Misa del Gallo, otra tradición.

Las vacaciones navideñas palentinas incluyeron visitas guiadas al Castillo de Ampudia (y por inercia, a las bodegas del mirador de Autilla), otra a la Villa Romana de la Olmeda (que, visto que no nos daba tiempo a volver a casa a comer, tuvimos que solventar la situación restaurándonos con unos frejoles en Saldaña ) y otra subida a la Montaña Palentina. Como volví a desesperarme al sentir la inutilidad de mi ropa de abrigo y mis botas de montaña (más bien hubiera necesitado bañador y sombrilla), me sometí junto con mis numerosos compañeros de excursión a una terapia de choque para evitar caer en un estado depresivo al comtemplar el espectáculo del Valdecebollas pelado y sudando. Cecina y vinos en Salcedillo y platos variados de carne de potro en Brañosera ayudaron a pasar mejor la tristeza producida por la ausencia del invierno. El colofón, por cierto, fue de leyenda: Una reñida partida de mus (los no titulados en este arte se dedicaron al parchís, que también está bien) regada generosamente con pacharanes de diversos orígenes.

Un final de órdago para unas navidades, como siempre, inolvidables. Me dejo la visita a Salamanca, el Bautizo del Niño (donde las señoras siguen luchando a muerte, como antaño, con los niños por coger caramelos) y otras muchas cosas, y por eso no eché de menos ni el salir en Nochevieja: Una larga partida de pocha y unas buenas copas caseras son, sin duda, mucho mejor que las mismas copas de garrafón en los mismos bares que ya “disfrutas” cualquier otro día de las Navidades, cualquier otro fin de semana del año.  Lo único que faltó (soy pesado, lo sé…) el frío, la nieve. Pero está claro que eso hay que buscarlo en otro lado.

¡¡¡ FELIZ 2012 !!!

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2 respuestas a En Navidad, en Palencia

  1. Tu Tío dijo:

    ¡Ves!, Fernando…
    El invierno siempre aparece. Como dicen los pastores, “…no se lo come el lobo…”. Hoy ha nevado en Palencia y en tus/mis queridas montañas del “Paraíso Palentino”, lleva unos cuantos días haciéndolo, dejando su carga para una primavera que se me antoja fría y conservadora de pastos y fuentes.
    El verano será verano, efímero, por aquello de “agosto frío en el rostro” y porque no será la primera ni la última vez que veamos o nos digan que después de la Virgen, ya ha caído la primera nevada en el Espigüete, en el Curavacas y hasta en el Corre caballos. Mariano Medina.

    • odnanrefai dijo:

      Pues aunque sea tarde, que nieve!
      Ya te dije ayer que ví nieve, y mucha, en toda la sierra del Caurel y demás conjuntos montañosos de los que se ven desde el Cebreiro. Y ya recorriendo el Camino, en Codornillos Castellanos (qué buenos los codornillos), hacia el norte, todas las montañas estaban también blancas, incluyendo por supuesto el MAcizo Central de Picos, Curavacas y Don Espigüete. Y se anuncia más para mañana! Cuánto sabe usted, don Mariano.

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