Tres cosas tiene Belfast.


Tres curiosidades que atraen a tres clases de visitantes:  ser el punto de partida a uno de los parajes naturales más visitados de todas las islas británicas, la Calzada del Gigante (Giant’s Causeway), su pasado reciente como símbolo de la violencia terrorista (The Troubles) en Irlanda del Norte, y su relación con el ya mítico Titanic. La Giant’s Causeway es universalmente famosa, y los monumentos, museos y pubs de Belfast se los dejo descubrir al que vaya allí, igual que hice yo, informándose primero en el Belfast Welcome Center de la calle Donegall. A mí me ha encantado, no sólo la capital, también Derry, las centenarias destilerías de whiskey, y los bucólicos paisajes, por supuesto.

Lejos ya los años en los que el turismo en la región se limitaba prácticamente a los periodistas allí desplazados para informar de la situación política y de los conflictos entre católicos y protestantes, una vez alcanzada una paz más o menos estable, Belfast se ha centrado en promocionarse como destino turístico fomentando esos tres puntos clave, así como su situación privilegiada de poder aprovecharse de la simpatía general que la gente suele tener por todo lo que suene a irlandés, pero acompañado de la seriedad y solemnidad que da el pagar con libras esterlinas. Poco a poco, lo van consiguiendo y el turismo está floreciendo en el Ulster. Y no precisamente porque llegar hasta allí sea fácil: el Aeropuerto Internacional George Best (sí, sí, el futbolista) tiene pocas conexiones baratas, y las que hay suelen ser los ya clásicos vuelos drunk low cost orientados a las boracheras europeas de los ingleses (Málaga, Palma, Tenerife, Larnaca…).

La otra opción es volar a Dublín, y hacer el recorrido de 170 km entre las dos capitales en tren, en bus o en coche. Yo lo hice en coche alquilado (mi jefe en Belfast tuvo a bien, por si acaso, advertirme de que tuviera en cuenta que allí conducen por el lado correcto de la carretera….) y de noche, así que fue como una prueba de fuego de esta modalidad de alcanzar la ciudad del Lagan. La autopista (de pago en la parte irlandesa, aceptan libras esterlinas sin problema, y tarjetas de crédito con muchas pegas) es bastante aceptable, y el recorrido se hace de manera cómoda y rápida. Ni siquiera te das cuenta de en qué momento dejas la República de Irlanda y entras en Irlanda del Norte. Al menos, cuando haces el recorrido inverso, las autoridades irlandesas han tenido la amabilidad de colocar un panel advirtiendo de que las distancias ahora son en kilómetros, pero yendo de Dublin a Belfast, los norirlandeses ni siquiera te avisan del cambio y te puedes despistar bastante con sus dichosas millas, medias millas, cuartos de milla, yardas y millas por hora.

Pues bien, una vez explorada la ciudad, su catedral, sus barrios, etc, me interesé por lo otro: el Titanic y su relación con Belfast, especialmente curioso, por lo que tiene de sorprendente que un barco de corta vida y leyenda larga, sirva de reclamo para (al menos) una ciudad. Dentro de pocos meses se cumplen cien años de la catástrofe del Titanic, probablemente la más famosa de la historia, por cómo sucedió y por el nivel social de muchas de las víctimas. Prácticamete todos hemos leído mucho sobre el tema, incluso antes de verlo en la más famosa de las películas realizadas sobre la breve historia del gran trasatlántico; conocemos los nombres e incluso sabemos detalles sobre la vida (y muerte) de muchas de las personalidades que viajaban en el paquebote; no olvidamos la orquesta tocando hasta el mismísimo final, el capitán hundiéndose con el barco, y la mayoría recordamos, y si no, lo haremos durante el año que viene, estoy seguro, que el célebre navío “insumergible” fue construído en los astilleros Harland & Wolf de Belfast. Pues bien, la ciudad de Belfast se ha rendido completamente a un evento que sabe que atrae y atraerá muchos turistas, y ha volcado sus esfuerzas en que el buque y la mística que lo rodea sean parte fundamental del paquete turístico que ofrece al visitante.

Panorámica de Belfast, con los pórticos Samson y Goliath de la H&W, a la derecha, dominando la ciudad

Aparte de que la ciudad esté dominada por los pórticos grúa Samson y Goliath de H&W, el barrio que rodea los famosos astilleros (que en su mayoría formaba originalmente parte de las propias instalaciones de la compañía) ha sido rebautizado como “Titanic Quarter” y el Ayuntamiento de Belfast lo está potenciando desde hace ya varios años con la construcción de viviendas, centros comerciales, espacios de convenciones, e incluso un centro multiusos llamado “Titanic Belfast” que incluirá salas de conferencias, exposiciones y albergará la Fundación Titanic. El edificio, cómo no, será inaugurado a tiempo para el centenario en Abril, y se convertirá en punto de refererencia de todos esos curiosos, y por qué no decirlo, morbosos, que siguen fascinados con la historia del buque y que ya acuden (puedo dar fe de ello) en gran número a visitar los lugares históricos del Titanic. De momento, pueden admirar la original (y fea) estructura del edificio, imitando cuatro proas, cuatro, unidas del barco.

Titanic Belfast Building

Pero el homenaje al Titanic

está desde hace no mucho en pleno corazón de la ciudad, pues la calle Donegall, arteria principal de Belfast, y que desemboca en el bonito edificio del ayuntamiento, está flanqueada por unas columnas curvas, a modo de cuadernas de un barco imaginario, con los nombres de los barcos más famosos de la mítica White Star Line. Y no se conforman con dedicarle una al Titanic y a sus gemelos Britannic y Olympic. En este particular paseo de la fama tienen también su espacio, como reivindicando parte en la historia, el SS Celtic y el SS Traffic, que sirvieron como transbordadores de pasajeros para los hermanos mayores. Aficionados y apasionados del Titanic y su leyenda, en Belfast está vuestro sitio.

Donegall Place y el Ayuntamiento

Un barco hundido hace 100 años como reclamo turístico de una ciudad, de toda una capital europea. Curioso, pero no menos que el atractivo que provoca todo lo que tenga que ver con los años de violencia que sufrió el país, en especial durante los 70 y 80 del pasado siglo.

The Troubles (Los Problemas) se consideran como algo del pasado, y por eso se habla de ello sin problema, valga la redundancia, especialmente en los medios de comunicación. Aún admitiendo que no todo está conseguido y que las diferencias siguen ahí, las aguas están completamente calmadas y de la peor época (en 1972 hubo hasta casi 500 muertos), quedan los murales y escenarios de los enfrentamientos, que pueden ser hoy visitados con asombrosa calma.

Cepar Way. Católicos a la derecha, protestantes a la izquierda

Una calma al mismo tiempo inquietante, ya que produce cierta congoja pasearte solitario entre los coloridos diseños que homenajean (y no olvidan) a los muertos, a los condenados a veces injustamente, a los mártires, y contemplar el muro que separó en Belfast a católicos y protestantes, a nacionalistas y a unionistas (leales), construído para evitar atentados de los unos contra los otros.

Mural frente a una cárcel de Belfast

Muchos de estos murales permanecen intactos, otros han sido actualizados y hablan ya de paz, algunos, incluso, han sido modificados por los turistas, que dejan allí impresos sus deseos de prosperidad y futuro para el pueblo irlandés. Aún así, cada parte mantiene su orgullo, y de alguna manera sus reivindicaciones, y así, los barrios de Belfast que limitan con la zona católica están repletos de unionjacks que cuelgan de cada farola, de cada semáforo.

Iglesias y unionjacks en zona protestante

En Derry, como en Belfast, las catedrales de ambas comunidades se alzan orgullosas reclamando su propio espacio, y los barrios están sembrados de pequeñas iglesias que parecen marcar el territorio, para que no haya lugar a dudas. Hay una puerta en ese muro, hoy siempre está abierta, pero hasta hace no mucho, se cerraba todas las noches separando completamente las zonas. Muro y puerta siguen ahí, para no olvidar lo que pasó y que no vuelva a suceder.

Igual que yo no olvidaré mi primera visita a Belfast, que se termina, tras una gran puesta de sol en Black Mountain (uno de los montes que dominan la ciudad) y una merecida cena en “The Crown”, uno de los más famosos de Belfast. Curiosamente, en la tele hay un reportaje sobre el Hotel Europa, que está cruzando la calle. Hoy es un hotel normal, no llama la atención, pero en su día fue redacción improvisada y segunda casa para todos los reporteros enviados a cubrir The Troubles, pues el hotel se enorgullecía de no cerrar nunca, incluso en los peores momentos. El IRA lo sabía y decidió que no había mejor publicidad … que poner las bombas cerca de donde estaban los periodistas: Hasta 25 en un año explotaron en las inmediaciones del hotel. Los protagonistas de aquellos años lo cuentan hoy con cierto humor y hasta con nostalgia. Que dure muchos años  que se vuelva a llenar de periodistas, pero para contar cómo se celebra el centenario del Titanic.

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3 respuestas a Tres cosas tiene Belfast.

  1. Como de costumbre, Fernando has “lidiado” una no muy fácil crónica, las del Ulster nunca lo han sido, con la brillantez a la que ya nos tienes acostumbrado y que me hace pensar, ya en serio, en editar tú primer libro de viajes, porque cro que tenemos material más que suficiente para hacerlo, máxime cuando tienes a toda la familia y a algunos amigos pendientes de la próxima expedición, esta la próxima semana a la segunda ciudad de la France y primera facultad de la “nouvelle cousine”, allí comenzó todo hace 50 añitos con Paul Bocousse.
    Muy bien

  2. Tu tio dijo:

    Querido Fernando.
    Ya echaba yo de menos tus interesantes crónicas, que para nada se queda en lo exclusivo del turismo, y descripción junto con el paisaje de la realidad de una historia, sus consecuencia y los desenlaces que están sucediendo y que, sin ánimo de entrar en polémica con nadie, pueden servir de guión desde la “dulce aunque temperamental” Irlanda (el hombre tranquilo con John Wayne), para algo que se nos avecina con otro episodio de la Historia reciente de España, necesitada de la repetición del “Abrazo de Vergara”.
    El Titánic es un buen eufemismo para encarar una conmemoración que, desde la tragedia, les permita abordar el futuro de reconciliación.
    Hablaremos en tu próxima visita, si coincidimos. Que seguro que si.

  3. faite49 dijo:

    Como siempre, disfrutando de tus relatos que echaba de menos ultimamente. Felicidades y que sigas deleitándonos con ellos.

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