Cosas que aprendí en China


La pregunta que más me han hecho tras reincorporarme a la vida “normal” en España ha sido, por supuesto, qué tal con el chino, si he aprendido algo, y si puedo decir algo en mandarín. Por supuesto, la respuesta más lógica, haciendo honor a mi austeridad castellana sería un rotundo y seco “no”. Pero eso no haría justicia a la verdad, y por otra parte la mitad gallega de mis genes no me permite dar contestaciones tan cortas, claras y contundentes. Porque las cosas no son tan sencillas, y porque toda pregunta admite, al menos, otra pregunta como respuesta, y a veces  una respuesta comentada, adornada y argumentada de tal manera que, al final, al interlocutor no le quede claro si le has contestado a lo que preguntabas o incluso llegue a olvidar qué había preguntado exactamente.

yo quería aprender de ese señor que parece tan importante

Por supuesto, algo de chino aprendí. Lo justo para sorprender a mi pequeña prima cantonesa cuando, ya en España, le dí unos regalos (y 100 yuanes), acompañadas de tres o cuatro frases (que no escribiré aquí) en perfecto chino mandarín. Es más, incluso pude enseñarle a contar con los dedos como lo hacen los chinos, pues parece que eso no se lo habían enseñado en sus clases de mandarín. Todo eso le bastó para que ahora considere que, por supuesto, podemos hablar en chino sin que el resto de la gente nos entienda, como si de una especie de código secreto se tratara. Después de tantos años viéndola muy esporádicamente (tanto, que lo primero que me soltaba cada vez que me veía era “¿y tú quién eres?”, a mí!!! que fui quien la recibió en su llegada a España!!!), ha sido una buena y rápida manera de establecer una cierta complicidad con alguien ausente durante los últimos 4 años.

Ya digo que al resto de la gente que me lo pregunta les cuento un poco que no tuve oportunidad de recibir clases de mandarín, y que las pocas cosas que aprendí a pronunciar fueron las de primera necesidad. Ya se sabe: pedir una cerveza (o dos) en un bar, saludar al llegar, pedir unos dumplings, saludar al irte, dar las gracias, y asentir con seguridad (tué-tué-tué…) cuando un taxista se vuelve hacia ti buscando la confirmación de que está yendo por el buen camino, como si le entendieras algo o supieras siempre dónde te encuentras. Cosas básicas.

Pero, relacionado con el idioma, también hay otras cosas que vas aprendiendo dependiendo de las costumbres de tu vida diaria. Yo, que era usuario del transporte público, acabé comprendiendo muchas de las palabras que los chinos usan como referencias en sus direcciones. Ya conté en otro post relato, cómo Pekín (y muchas otras ciudades chinas) está construída siguiendo escrupulosamente los ejes principales de una rosa de los vientos, con lo cual rápidamente te familiarizas con los fonemas (y los ideogramas) bei, nan, dong y xi. El siguiente paso es cuando te das cuenta que hay otras “palabras” a las que también recurren frecuentemente para nombrar las direcciones, estaciones de bus y metro, etc, como son: puente, exterior e interior (refiriéndose a la posición con respecto a los anillos, por ejemplo),  puerta, lateral… No es que sea nada innovador ni revolucionario, se usa también en otros idiomas (West Side, Upper Street), pero se entiende que en chino a mi me costó un poco más, y que cuando identifiqué las palabras me fue mucho más fácil no equivocarme y saber en qué parada tenía que bajarme, sin estar concentrado, contándolas hasta llegar al número que me había marcado el amigo (grandísimo amigo en Pekín) Google Maps ®. Una vez que mi memoria visual retuvo algunos de estos últiles símbolos, pude incluso osar coger autobuses en cualquier parada al azar, ya que, más o menos, era capaz de averiguar o intuir su recorrido, saber dónde me llevaban, en definitiva. Porque hay que decir que los paneles informativos (?) de las paradas de autobús están exclusivamente escritos en mandarín, ni siquiera en pinyin.

Así que, sí, algo de chino aprendí.

Otra cosa muy útil que hay que saber en China es esa incapacidad que tienen los chinos para decirte “no”. Tampoco es algo exclusivo de ellos, quién no conoce esa clase de persona, el buenazo, que a nada se niega, que todo lo consiente y de la cual sería fácil abusar si uno quisiera. Pero entre los habitantes de China esto debe ser algo crónico. Yo lo aprendí muy pronto, casi antes de bajarme del avión, pero… esta es otra historia que ya contaré mañana.

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2 respuestas a Cosas que aprendí en China

  1. jc dijo:

    Doy fe que algo de chino si sabias….. De todas formas, ¿qué mas da? Tu, que eres un hombre curtido en mil paises (y batallas dentro de los mismos) te puedes apañar perfectamente en un pais sin hablar su idioma..¿o no?. Por cierto, que además de decir no (pu) ¿a que aprendiste cómo se dice en chino “picante”?….

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