La ciudad cuadriculada


cuadriculado

Pekín, cuadriculada en 1936

El gran escritor español Vicente Blasco Ibáñez quedó admirado, durante su visita a  a Pekín (La Vuelta al Mundo de un Novelista, 1924), por las características físicas de la ciudad en cuanto llegó. Se percató desde el primer momento de que es “de todas las capitales de la Tierra, la que tiene una forma más geométrica y una orientación escrupulosamente geográfica”. Pekín es, en efecto, una ciudad cuidadosamente cuadriculada, compuesta por líneas rectas y ángulos de 90º, perfectamente orientada de Norte a Sur y con ejes secundarios Este-Oeste que facilitan mucho la circulación y la orientación de la ya por entonces superpoblada urbe (en 1923, dos millones y medio de habitantes, frente al escaso millón de París o al millón y medio de Londres).

En efecto, frente a los esquemas clásicos de las ciudades europeas, siguiendo casi siempre diseños irregulares, como la almendra romana, los emperadores chinos construyeron su capital como construían sus templos, basándose en la armonia de la línea recta, con manzanas perfectamente rectangulares, cuyos lados estaban dirigidos a los cuatro puntos cardinales. Cuando hoy en día se echa un vistazo por primera vez a un plano de Pekín, el observador no puede creer lo que le ve, o al menos yo no me lo creía, y explico porqué.

Me ocurrió que, cuando estudiaba un plano de Bucarest preparando mi primer viaje a Rumanía, me sorprendió gratamente ver que la ciudad estaba rodeada por un cinturón perfectamente circular, y que discurría a una distancia considerable de la capital como para liberar a ésta del tráfico pesado y de los vehículos en tránsito y de los consecuentes atascos. Luego aprendí (experimenté) que lo que en el mapa se representaba como un perfecto périphérique no era si no una carretera de dos carriles, con el asfalto completamente deformado por los camiones, donde la velocidad media era el ralenti del coche y la máxima la del trotecillo del caballo de tiro de las carretas gitanas (fácil comprobarlo cuando circulan permanentemente a tu lado), con limitadas y chapuceras conexiones con las arterias principales de la ciudad y varios tramos inacabados en los cuales circulas por callejuelas normales de los suburbios bucarestianos. Una tomadura de pelo, en definitiva, de la cuál nunca he sabido exactamente quién fue responsable, pues aunque yo me hubiera inclinado por culpar a Ceausescu, el trazado aparece ya reflejado en mapas de principios del s. XX. El caso es que una vez que la pruebas, tu máximo objetivo es no volverlo a hacer y encontrar otras rutas alternativas. De ahí mi escepticismo al contemplar el perfecto diseño cuadrado de esta megalópolis que me acoge actualmente.

Beijing y los anillos

Tiene Pekín, a vista de Google Maps, 5 anillos concéntricos claramente indentificables. Del centro hacia fuera, los tres primeros son verdaderas autopistas urbanas, de cuatro o más carriles por sentido, formando cuadrados casi perfectos, con sus cuatro lados orientados exactamente hacia los cuatro puntos cardinales,  aunque claramente achaflanados en las esquinas, mientras que el cuarto y el quinto presentan recorridos circulares, pero bastante irregulares y con variación en el número de vías disponibles (a veces una o ninguna, tan lejos del centro urbano las reglas se relajan y los coches,o carromatos, rickshaws y camiones, aparcan donde pueden), como corresponde a la clase de terreno que recorren, a veces ya en plena campiña pekinesa. Pero aún hay, oficialmente, dos anillos más. El más céntrico (que sería el primer anillo) es un vestigio de la ciudad antigua, y corresponde precisamente a las primeras líneas de tranvía establecidas en la capital, que rodeaban la Ciudad Prohibida. El séptimo anillo es básicamente un proyecto hoy en día, un esbozo que se observa en algunas carreteras menores, y que rodearía Pekín a una distancia tal que sobrepasaría sus límites provinciales.

¿Y cómo es posible que, siendo relativamente recientes, estas autopistas de circunvalación sean tan geométricamente perfectas y se integren tan bien en el diseño también geométrico de la ciudad?

en un día claro

2º Anillo Norte (Bei Er Huan)

Evidentemente esto sólo puede conseguirse derribando lo antiguo para construir lo nuevo, lo cual me hace recurrir de nuevo a las analogías entre regímenes totalitarios y la obsesión por la megalomanía que suelen sufrir sus líderes, convencidos de que les ha sido asignada la tarea de derribar y construir para dejar constancia del glorioso presente sin importar borrar el pasado decadente.  En el Bucarest de Ceausescu, para hacer realidad el monstruoso edificio de la Casa del Pueblo y el nuevo barrio Centru Civic, con los 3.5 km del Bulevar Unirii como arteria principal perfectamente alineada en el eje Este-Oeste, el Conducator  se cargó, sin pensarlo demasiado, un inmenso pedazo de la historia de la capital, con decenas de iglesias y monasterios que sucumbieron bajo la implacable excavadora. Los dirigentes comunistas chinos han hecho lo mismo, sólo que en su caso no eran los primeros, así que lo que se cargaban no era tan importante, y he ahí la diferencia fundamental entre los comunistas chinos (si es que se puede seguir llamando así a los enriquecidos y corruptos dirigentes del país con más consumo-adictos de la Tierra) y los comunistas rumanos. Lo de los asiáticos no está ligado a regímenes, ideas, política o economía. Es que son así, parece ser, va con su manera de entender la vida (y la muerte).

Puesto que Pekín es una ciudad milenaria, capital de varias dinastías de emperadores y de regímenes políticos varios, en un país milenario, debería conservar multitud de restos que atestigüen esta larga historia. Las sucesivas invasiones tártaras, manchures, japonesas e incluso de las potencias occidentales, podrían ser la excusa/razón de que el visitante eche de menos cosas muy antiguas que visitar. La Ciudad Prohibida es probablemente la atracción más vetusta que uno puede contemplar en la capital del norte, y no data más que del s XIV, y es que el resto de la ciudad ha sido construída y reconstruída en innumerables ocasiones, aparentemente sin que al “encargado” de turno le importase lo más mínimo lo que hubiera antes. Por ejemplo, la autopista que hoy en día une el moderno aeropuerto con la capital, llega hasta el segundo anillo. Junto a ella discurre también una moderna línea de tren. El recorrido de ambas parece hecho con tiralíneas, directo del aeropuerto al centro, cuesta creer que en su construcción se adaptaran, tan siquiera un poco, al urbanismo existente.

Nuevamente Blasco Ibáñez en su diario de viajes aporta un punto de vista interesante que me ayuda a expresar lo que para mí también supuso, a mi llegada a Pekín, esta pequeña sorpresa: “En este país etxremadamente viejo, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos. Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura (…). La exterioridad de las cosas resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones”

Esta desafección de los chinos por las cosas temporales, por la vida terrenal, que puede estar relacionada con el taoísmo y Lao Tsé, la observas a menudo en esta ciudad, y basta con pasearse por las rectilíneas y enormes avenidas o por los escondidos hutong o en las estaciones de metro, para darse cuenta de ello. En las primeras, cuando compruebas, no ya el poco aprecio, si no el absoluto desprecio del conductor chino hacia los peatones. La combinación paso de cebra con un señorito verde parpadeando  es invisible para el chino si no va a acompañado de un disco de color rojo para los vehículos. El ámbar parpadeante también es “igual a cero” para él. No importa si son coches, motos, bicis o incluso autobuses, el peatón que se atreva a cruzar en un sitio donde no hay prohibición expresa de paso para vehículos se ganará, como mínimo, una larga e intensa pitada, por no hablar ya del gran riesgo que correrá su integridad física.

Las estaciones son buen ejemplo ejemplo de lo que las aglomeraciones significan en China -creo que ya había hablado de ello- pero además muestran el curioso sentido de la disciplina y el orden que tiene el mandarín. Ejemplo: cientos de personas se alinean ordenadamente en varias colas, esperando el tren en una moderna estación en una ciudad cualquiera de China.

Bien clarito, pero...que si quieres arroz, catalina china

Las filas de gente y el lugar en el que se han formado no son casuales, pues en el suelo, en cada lugar de espera, hay pintadas dos líneas paralelas que representan el lugar preciso donde quedará la la puerta del tren cuando éste haya parado, y el recorrido que debe seguir la cola de viajeros esperando subir al vagón. Todo parece imitar la admirada calma  y precisión japonesa…hasta que vemos aparecer el tren. El ruido de la moderna locomotora frenando para detenerse en el lugar marcado despierta a una multitud hasta ese momento tranquila e inmediatamente, las ordenadas líneas desaparecen, la gente se agolpa en torno a las puertas del vagón y los que quieren desembarcar tienen que hacerlo a codazo limpio entre los que quieren embarcar, que hacen lo propio para lograr su objetivo. Preguntado un amigo chino junto al que observo la escena, sobre lo absurdo de hacer ordenadas colas para que al final cada uno entre cuándo y cómo pueda, me mira entre sorprendido y divertido, sin acertar a responder a algo que para él no necesita explicación.

Esta escena se repite en todas las estaciones de metro de Pekín, si bien de manera mucho más dramática, pues hay mucha más gente, mucho menos espacio y mucho menos tiempo de parada del convoy que en el caso de la estación de tren. El espectáculo cuenta además con el acompañamiento melódico de los agentes de tránsito encargados de eso, de acelerar el movimiento de la masa humana, pero que para un observador neutral, lo único que hacen es entonar interminables letanías a un volumen canalla que te hace desear salir ahí cuanto antes. Quizás sea por eso, al fin y al cabo, que resultan efectivos en la consecución de su objetivo.

Huelga decir que cuando la masa de chinos se concentra en un lugar sin agentes, ni indicaciones, ni nada que le oriente sobre cómo proceder, lo que prima claramente es el sálvese quién pueda o quien quiera. El codazo, pisotón o empujón al de al lado es sólo la consecuencia natural de la debilidad o despiste del otro, que no te ha dado antes a tí. Y por supuesto las excusas son algo innecesario cuando la naturaleza brutal y la supervivencia se imponen.

me importa un yuan que por aquí se suba, yo quiero bajar y bajo!

Otra respuesta que no he sido capaz de obtener, relacionada con la experiencia antes narrada sobre la relación automóviles-individuo peatón, es sobre la prioridad. Indagando más a fondo en el asunto, retuerzo un poco más la pregunta e intento saber qué dice el código de circulación chino acerca de los pasos de cebra y su finalidad, qué aprenden en las autoescuelas chinas. Ya que los conductores chinos parecen indignados ante la insolencia de un peatón que intenta cruzar con el semáforo en verde, a lo mejor es que esto es una ridícula manía europea que en China funciona al revés que en las nuestras. Nuevamente un compañero chino no consigue darme una respuesta clara, no sabe si depende de ciudades, de regiones o incluso no hay nada escrito que lo regule, sólo sabe que él, no para.

Pero sin duda, algo que sorprende, esta vez gratamente, de esta ciudad cuadriculada, es esa seguridad y ausencia de peligro que se percibe incluso en el más remoto y oscuro callejón del barrio más periférico de Pekín. Me refiero a esa seguridad que los europeos valoramos hoy tanto como añoramos en las grandes capitales europeas y occidentales, y que nos hace elegir cuándo y dónde podemos ir dentro de nuestra propia ciudad, sobre todo cuando anochece.

En Pekín no hay que preocuparse, ni por el día, ni por la noche, ni en invierno ni en verano, siempre te sientes a salvo, y aunque a veces no te veas los pies por la ausencia de luz artificial en una calle por la que paseas, lo haces despreocupado sabiendo que todo está bien e incluso te abandonas a pensamientos que te hacen no percatarte de sombras pertenecientes a otros transeúntes nocturnos. Quizá sea de nuevo de nuevo esa percepción del mundo chino. El desinterés por la vida de los demás hace que esa señora que cenaba con don Vicente Blasco en la casa del Embajador de España en China pudiera abandonar despreocupada el lugar en plena noche tras acabar la velada: “Una señora joven y elegante se vuelve sola a su casa a las once de la noche (…) me dice con naturalidad que todas las noches hace lo mismo. Toma un ricsha, cuyo conductor no conoce, la más de las veces, y se hace llevar por él a su domicilio, a través de calles puramente chinas. Nunca le ocurrió el menor percance. Jamás ha sentido la inquietud del miedo”

Esto, y muchas más cosas, es Pekín.

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2 respuestas a La ciudad cuadriculada

  1. Tu tio dijo:

    Bueno querido sobrino, me parece muy acertada esta descripción de la “rectangularidad” de Pekin, comparada con la de Bucarest y que se podría entrelazar con la corriente de finales del XVIII, en toda Europa por el alineamiento y las grandes avenidas (ahí está París, la “diagonalidad” a cartabón y escuadra de Barcelona, los ejes berlineses, etc). Todo este preámbulo para corroborar la extrañeza de D. Vicente (no se podía llamar de otra manera, por ser valenciano) que seguramente no se había parado a curiosear el manual de construcción y urbanización, de un magnífico arquitecto romano como fue Vitrubio, quien precisamente abominaba de la complicada reticulación en la manera de construir que tenían los romanos alrededor de sus dos famosos ejes, el cardo y el decumano, y sobre el que se articulaba la famosa mandorla, origen de todos los fundamentos defensivos de las ciudades hasta bien entrado el siglo XVII cuando la preparación artillera hizo mucho más fácil la conquista de las ciudades por las tropas y mesnadas de a pié.
    En cuanto a la tranquilidad de caminar por Pekin de noche, sin luces y sin preocupación, es una consecuencia de las autocracias (sic). Sin embargo, te recuerdo una frase célebre de Felipe González después de su a visita a Moscú “Prefiero morir en el metro de Nueva York, que de aburrimiento en Moscú”. Hoy no creo que dijera esto, ni tampoco se prestaría a hacer su experiencia en el metro de Nueva York.
    ¡Cuídate mucho!
    P.D. El libro de Vitrubio, lo tengo, por si te interesa.

  2. odnanrefai dijo:

    Gracias por tu comentario, querido Nacho. Lo curioso de Pekín es eso, que construyen hoy casi de la misma manera que cuando Marco Polo visitó Cambaluc. Y que, además, para el chino de a pie esta orentación a los puntos cardinales sigue siendo importante. Cuando preguntas a un pekinés por tal o tal dirección, siempre se referirá al norte, al sur, etc. Creo que en, al menos en España, poca gente podría orientar correctamente su ciudad.
    Aquí, además, cualquier indicación siempre hablará de un punto cardinal, e incluso te lo indican en los paneles de tráfico. Yo vivo en la calle de la Ciudad de la PAz del Este, que es perpendicular a la calle de la Ciudad de la Paz del Norte y del Sur, y paralela a la calle de la Ciudad de la Paz del Oeste. Y así todo.
    Hay que leer a Vitrubio…pero cuando me acabe “Posguerra”, que estoy ya enfilando el final.

    Un abrazo!

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