El Somme


Ya había estado en Amiens, capital del departamento de "La Somme", pero allí, y por el camino, había visto cosas de pasada que creí interesantes. Por eso decidí que merecía la pena utilizar mi último día (de fin de semana en Normandía, se entiende) para conocerlo.
 
La fuerte helada caída por la noche hizo que el viaje se retrasara algo, pues me tocó rascar bastante hasta poder conducir el coche con algo de visibilidad. Y es que la mañana era de ésas con un sol imperial pero con un frío glacial, que casi me hacía recordar el invierno castellano. Todavía con temperaturas bajo cero, el primer punto de parada fue Gisors. En el pasado importante nudo de comunicaciones entre Paris y Bruselas, hoy en día es una pequeña ciudad en los confines de Normandía y del Eure (el cartel de cambio de departamento y de región están justo antes de la última casa del núcleo urbano) que posee dos pequeños tesoros dignos de conocer: el castillo del s. XII, con bastante parte de la muralla y el torreón (cerrado en enero…) intactos y la iglesia de San Gervasio y San Protasio, impulsada económicamente por la palentina Blanca de Castilla, reina de Francia.
 
De Beauvais me había llamado la atención, entre ida y venida al aeropuerto, sobre todo la catedral. Se veía desde muy lejos, y aparentaba ser excesivamente alta en relación a su longitud, de manera que se perfilaba exageradamente en la silueta de la ciudad, muy por encima del resto de edificaciones. Cuando llegué a ella comprendí porqué. Sólo hay media catedral!! justo hasta el crucero. Al parecer, Beauvais quiso ser la máxima expresión del gótico francés. Construyeron el coro más alto de Francia y del mundo (aún no habían empezado con el de la catedral de Colonia), y la aguja más alta también. Ésta última duró poco, la estructura no aguantó y se vino abajo al poco tiempo. El resto de la estructura hubo que reforzarlo más de lo previsto, con el consiguiente gasto de dinero y medios. La Guerra de los Cien Años, pestes y demás males de la época hiceron el resto. La Catedral de San Pedro quedó sin terminar y hoy sólo podemos ver la mitad de la que hubiera sido una impresionante construcción. Dentro, unas grandes vigas de madera ayudan a sostener el elevadísimo transepto para que no se desplome sobre el reloj astronómico que guarda el tempo.
 
Una vez en el El Somme propiamente dicho, me fue imposible de nuevo no apartar la vista de la carretera unas cuantas veces para ver esa maravilla que es Notre Dame de Amiens, que se contempla desde kilómetros de distancia, aunque al entrar en la ciudad me dirigí directamente al cementerio de la Madeleine. Di las gracias a Julio Verne por proporcionarme tantas horas de emoción, aventura, diversión y suspense, aunque no sé si se enteró, tan ocupado como está, intentando salir de su tumba.
 
El resto del departamento, bueno, aparte de los "hortillonnages" (unos curiosos huertos flotantes) de los que están superorgullosos y de las catedrales, como siempre prácticamente todo lo que te invitan a visitar en los alrededores son vestigios, recuerdos y restos de la batalla que tuvo lugar en estos parajes en la Primera Guerra Mundial y que fue la mas cruenta de cuantas se recuerdan.
 
En realidad, lo que se conoce como Batalla del Somme no fue sólo una batalla, fueron años de guerra de desgaste en las trincheras a causa de una penosa planificación inicial de franceses e ingleses, como te recuerdan en cada memorial, en cada panel de información. Murieron (se estima) 1,3 millones de soldados y el ejército británico tuvo la mayor pérdida, en un sólo día, de su historia, con cerca de 20.000 bajas. Este episodio quedó muy marcado en la memoria colectiva de ambos países, sobre todo de Francia, que tardó años, justo hasta que empezó el segundo conflicto mundial, en recuperar esta zona de su territorio. Hoy día, 90 años después, la cantidad de cementerios militares que salpican pueblos y campos deja reidícula la de Normandía, y cada país participante ha levantado sus homenajes particulares a sus compatriotas.
 
 Thiepval, el más grande, es un gigantesco arco de la drillo con los nombres escritos de los 72000 franceses y británicos desaparecidos en el Somme y nunca encontrados. Aparte de memoriales y cementerios se conservan cosas curiosas como una línea de trincheras en Beaumont-Hamelm que ademas es un homenaje a las tropas canadienses y de Terranova y puedes hacer una visita guiada (gratis) por dos chicas, una de Terranova y la otra de Toronto (bueno, trnto, como dijo ella).
 
Es curioso de ver también el Cráter de Lochnagar, en el pueblo de La Boisselle. Un agujero de 100 metros de diámetro por 8 de profuncidad que da una idea de lo estruendoso ( y pringoso, te pones de barro hasta las orejas) que debió de ser el amanecer del 1 de Julio de 1916, cuando los aliados intentaron romper las líneas alemanas mediante una serie de minas colocadas en túneles bajo las trincheras. Hay coronas y cruces que recuerdan a los muertos, sobre todo escoceses, lo cual da una idea del origen del nombre del cráter. Como curiosidad, había una cruz en homenaje (no pone si finalmente le enterraron allí) a un soldado que murió y que fue encontrato en 1999. También hay bancos de madera, de esos que les gustan a los ingleses y que dedican a alguien con una inscripción.
 
Creo que me he saturado de cementerios y memoriales este fin de semana.
 
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