Los dos desembarcos


Dos hechos marcan la historia de Normandía, o al menos por ellos es mundialmene conocida. El primero, el más reciente, el desembarco aliado de 1944, que marcó el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial. El segundo, bastante más lejano en el tiempo y por ello menos conocido, la  conquista de Inglaterra por Guillermo, duque de Normandía en 1066, hecho que también comenzó forzosamente por un gran desembarco.
 
En el siglo XI, Guillermo el Bastardo, tras pacificar su dominios en el norte de la actual Francia, reúne un poderoso ejército y arma una gran flota dispuesto a reclamar por las armas algo que le corresponde por ser la última voluntad de Eduardo I el Confesor: el trono de Inglaterra. Casi mil años después, las mismas costas que vieron partir y desembarcar a Guillermo y los normandos, son testigos mudos de otro desembarco de dimensiones nunca vistas, pero con sentido opuesto al anterior: las tropas aliadas se disponen a abrir el frente definitivo que provocará la derrota del Reich un año más tarde. 
 
No deja de se curioso, en una región cuyo litoral está formado principalmente por rocosos y altos acantilados. Y sin embargo, actualmente el visitante que llega a Normandía se encuentra, en cada lugar al que ve, referencias a uno o a otro de esos momentos históricos o incluso a los dos.
 
Ya había estado en Etretat y en Fécamp, y por supuesto en Rouen, pero quería conocer alguno más de los lugares que aparecen en "El Segundo Reino", alguna de las ciudades más importantes de la época de Guillermo. De esta manera, siguiendo las huellas del Conquistador me dirijí a Caen. De camino pasé por Lisieux, donde se alza el imponente santuario de Santa Teresa que destaca por encima de la ciudad (si vas por la carretera, no por la autopista), pero como los días son cortos, no me detuve aquí al igual que tampoco lo hice en Falaise, cuna de Guillermo y lugar donde se encuentra el castillo familiar. A unos pocos kilómetros me topé con las primeras huellas del otro desembarco, el de 1944. En Saint-Désir de Lisieux se encuentra un cementerio de guerra compartido por alemanes e ingleses. El más pequeño de cuantos hay en Normandía (4000 alemanes y otros tantos ingleses, creo recordar), pero igualmente bien cuidado y mantenido.
 
De Caen, capital de Calvados, poco me esperaba, pues me habían dicho que era una ciudad completamente reconstruida tras la WWII, etc, etc, como tantas otras en Francia. Sin embargo, sólo recorrer las murallas del gigantesco castillo que Guillermo hizo construir allí y desde allí contemplar, equidistantes, la Abadía de los Hombres y la de las Mujeres, ya merece la pena. Siempre lo mismo, tuve que elegir, así que me decanté por la de los Hombres, también llamada de Saint Etienne. Sede actual del Ayuntamiento, su iglesia es un lujo de contemplar por su uniformidad arquitectónica. No en vano se tardó en construir 12 años!! Se nota que comenzaba a llegar el dinero de los nuevos territorios conquistados y que Caen tiene muy cerca canteras de abundante piedra de primera calidad. Allí está enterrado Guillermo, o lo que se supone que queda de él, pues tras sucesivos saqueos, dicen que lo que hay en la tumba es un hueso fémur que encontraron en el Orne…a saber… Al salir de Caen, el Memorial de la Paz (cerrado, por supuesto, Francia está de vacaciones en enero!!) me recordó dónde estaba antes de dirijirme a Bayeux.
 
Una vez más, los dos acontecimientos: Bayeux es famosa por el enorme tapiz que le regaló, tal vez su esposa Matilde, tal vez su hermano el Obispo Odo, a Guillermo, y por ser la primera ciudad liberada tras el día D. Una vez más, la Catedral sorprende. Puedes ver decenas, cientos de catedrales góticas francesas, pero cuando estás frente a una, sigues admirándote como si no hubieras visto nada igual. En particular, la arquitectura normanda, presente en ambas orillas del canal, es algo realmente hermoso. Como el famoso tapiz, otrora decorando la catedral y actualmente en un museo cercano (2,80€ con carnet de la UVA), que por mucho que hayas oido hablar de él, de su historia, de su impresionante longitud, de sus logradas y realistas representaciones de caballos, caballeros, barcos e indumentarias, hace que te quedes pegado a la vitrina viendo cómo ante tus ojos se va desarrollando la historia de la conquista a través de ilustraciones bordadas en un larguísimo trozo de tela. Realmente interesante. Por lo demás, Bayeux quedó milagrosamente a salvo de los bombardeos y conserva un atractivo casco histórico medieval, aparte de un museo sobre la Batalla de Normandía, un cementerio británico, un memorial a reporteros de guerra caídos y una gran rotonda a la entrada de la ciudad dedicada a Dwight D. Eisenhower, con estatua y banderas incluídos, por supuesto. 
 
Nuevamente este invierno en el que desarrollo mis visitas a Normandía hizo que al finalizar mi estancia en Bayeux estuviera ya a punto de caer la noche, por lo que tuve que decidir ir a algún lugar cercano. El mar está tan sólo a 10 km de Bayeux, concretamente en Arromanches. En este pueblo se desarrolló la gran operación logística del Desembarco. Ante la imposibilidad comprobada (Dieppe, 1942) de tomar rápidamente uno de los puertos de Normandía para asegurar el suministro a la ingente cantidad de tropas que participaría en el Día D, se optó por construir uno flotante. Dicen que fue idea del mismisimo Winston Churchill (el puerto se bautizó con su nombre) y el nombre en clave del sistema que se utilizó fue "Mulberry". Hoy en día, en el horizonte de Arromanches se ven perfectamente los grandes bloques de hormigón (Phoenix) construidos en diversas partes de Inglaterra para servir de espigones y cuando baja la marea puedes acercarte hasta los bloques flotantes (Bombardon) que configuraban los muelles flotantes del "Mulberry".
 
La oscuridad de la noche me envolvió completamente en la batería de Longues, conservada en perfecto estado tras más de60 años. Y es que los alemanes construían para un Reich que iba a durar mil años…
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Una respuesta a Los dos desembarcos

  1. Unknown dijo:

    Magnifica síntesis de dos hechos cruciales en la Historia de la Normandía, máxime cuando se encuentran separados cronologicamente por cerca de mil años.
    En tiempos como los que nos ha tocado vivir, no deja de ser significativo en que hechos tan trascendentales en la Historia Universal, sean tan cuidadosamente conservados por los franceses. ¡Ah!, si los españoles, depositarios de un patrimonio cultural solo superado en Europa por Italis, hicieramos lo mismo con nuestra Historia y nuestros monumentos. 

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